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Archive for 29 diciembre 2012

La Sagrada Familia

SF Jesús en el temploEl Domingo en la Octava de Navidad celebramos a la Sagrada Familia. La intensidad de la celebración navideña sigue, ahora contemplamos otro aspecto del misterio de la Encarnación: El Hijo de Dios asumió nuestra naturaleza humana en todo, menos en el pecado, y nació en el seno de una familia.

La escena evangélica para la contemplación de la Familia de Nazaret este año es la que en la devoción popular enunciamos como “el niño Jesús perdido en el Templo de Jerusalén” y de la que quizá hemos hecho muchas consideraciones tomando en cuenta el dolor de María y de José ante su hijo extraviado o la sabiduría con la que el adolescente Jesús dialogaba con los sabios y entendidos en las cosas de Dios, como si ya desde niño lo supiera todo..

Los judíos piadosos, y José y María lo eran, cumplían con las prescripciones de la Ley y esta les pedía estar en el templo de Jerusalén tres veces al año: para las fiestas de la Pascua, de las Semanas y de las tiendas.

Algunos han querido ver en la presencia de Jesús, a los 12 años, en el templo de Jerusalén su participación en el rito judío del Bar-Mitzvá, que marcaba el paso de la infancia a la vida adulta, haciendo del joven judío un sujeto de derechos y deberes dentro de la sociedad.

El Papa Benedicto, en su reciente libro sobre la infancia de Jesús ve en este hecho una muestra fehaciente de la religiosidad de la familia de Jesús. Al respecto dice: «Para los niños, la obligación entraba en vigor a partir de los trece años cumplidos. Pero también se aplicaba al mismo tiempo la prescripción de que debían ir acostumbrándose paso a paso a los mandamientos. Para esto podría servir la peregrinación a los doce años…” (Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, La infancia de Jesús, pág. 126)

Detengámonos en algunos elementos del relato lucano.

El camino.

La familia de Nazaret es peregrina. Su destino es Jerusalén, el templo, el lugar donde Dios habita. La prescripción judía de ir al templo implica una manera de entender la vida: ser un pueblo en camino; y tener una meta en la vida: Dios. En el encuentro con Dios en su Templo el pueblo de Israel renueva su identidad y su unidad. «La Sagrada Familia se inserta en esta gran comunidad en el camino hacia el templo y hacia Dios» (Ibíd. p. 127)

¿Fueron descuidados José y María? ¿Se desentendieron de Jesús? ¿Cómo es posible que se hayan puesto en camino sin darse en cuenta que su hijo no iba con ellos? Preguntas como esta se podrían hacer si se desconocen las costumbres judías de la época. Por el contrario, en el hecho encontramos una indicación que nos deja conocer que «en la Sagrada Familia la libertad  la obediencia estaban muy bien armonizadas una con otra. Se dejaba decidir libremente al niño de doce años el que fuera con los de sus edad y sus amigos y estuviera en su compañía durante el camino. Por la noche, sin embargo, le esperaban sus padres» (Ibídem).

El hecho que Jesús se haya quedado en Jerusalén es otro asunto; tiene que ver con la misión del Hijo.

Jesús en el Templo

Jesús «se quedó en Jerusalén», como quien permanece en un lugar porque tiene allí una cita y toma así la primera decisión de su vida. Lucas lo describe «sentado en medio de los maestros», les escuchaba y les preguntaba, sorprendiéndoles por su inteligencia y por sus respuestas.

La respuesta de Jesús a sus padres, que con razonable preocupación le piden una explicación a su conducta, es reveladora. El hijo tiene que estar en la casa de su padre. «¿No sabían que debo ocuparme en las cosas de mi Padre.» Jesús es consciente de quién es su Padre. En este sentido, corrige a María que le dice «tu padre y yo». Jesús es consciente de su deber, «debo ocuparme», indicando que conoce cuál es la voluntad de Dios, su Padre, a la que debe someterse.SF María

Contemplamos pues a un jovencito de doce años, no sólo consciente de su identidad, sino con una conciencia bien formada, capaz de distinguir el querer de Dios y una voluntad desarrollada para querer cumplir en todo lo que Dios quiere.

Mucho se podría discutir desde la psicología evolutiva. Lo cierto es que a los doce años se llega a la madurez de una etapa de la vida en la que se ha desarrollado la capacidad para ejercer la libertad, se ha formado de la conciencia y se ha fortalecido la voluntad. Es un serio desafío para los padres de familia y para los responsables de la formación de los adolescentes acompañarles para que en esta etapa de la vida lleguen por si mismos a tener: claridad en su identidad, una experiencia gozosa de Dios y la oportunidad de tomar decisiones libres y responsables.

Los padres de Jesús.

No podemos pasar por alto la angustia de José y de María. Lucas nos la hace sentir al decirnos que al encontrarlo en el templo, María le preguntó «¿por qué nos has hecho esto, tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia»; como en contraste, el evangelista narra la sorprendente respuesta de un jovencito autónomo, consciente de lo que hace: «y, ¿por qué me buscaban?» El comportamiento de Jesús tiene una razón de ser. José y María tienen que descubrirlo. En su comportamiento el busca hacer el querer de Dios. Es sorprendente. Para Jesús está todo claro y para sus padres no.

Y aquí la gran lección de María que «meditaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón»No es sólo paciencia, es contemplación. María encontraba lo que Dios le decía en cada palabra y en cada acontecimiento de la vida de Jesús. Tarea no fácil, pero que seguramente nos ayuda a comprender cómo es que pudo estar junto a su Hijo «de pie junto a la Cruz»

María se nos presenta como maestra de espiritualidad. Nos enseña a vivir un camino de crecimiento espiritual confrontando los acontecimiento de nuestra vida con la Palabra, aguardando pacientemente en los momentos de ignorancia o confusión y confiando en la promesa de Dios, permitiéndole conducir nuestra historia de acuerdo a su pedagogía amorosa.

El epílogo de Lucas es muy interesante. Nos dice que Jesús «volvió con ellos a Nazaret y siguió sujeto a su autoridad» y concluye señalando que «...iba creciendo en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los hombres». La autoridad de los padres no es un obstáculo para la autonomía. José y María la ejercieron de manera que Jesús pudo llegar a este momento con total conciencia de si mismo y de su relación con su Padre Dios, por eso regresa con ellos y continúa creciendo en el conocimiento de Dios y de su voluntad.

SF Jesus AdolescenteJesús crecía en sabiduría. Saberlo nos ayuda a no tener un pretexto para tomar distancia de su historia y ver la nuestra como algo totalmente distinto, como cuando argumentamos diciendo: “es que Él era Dios….” Nuevamente nos ayuda el Papa Benedicto XVI: Jesús «En cuanto hombre, no vive en una abstracta omnisciencia –saberlo todo-, sino que está arraigado en una historia concreta, en un lugar y en un tiempo, en las diferentes fases de la vida humana y de eso recibe la forma concreta de su saber. Así se muestra aquí de manera muy clara que él ha pensado y aprendido de un modo humano» (Ibíd. pág. 132)

Tenemos este domingo la oportunidad de que la luz de la Palabra ilumine la vida de nuestras familias y orientarlas para que a semejanza de la familia de Nazaret sean espacios en los que cada persona pueda crecer, en su libertad, en su conciencia, en su voluntad, pero sobre todo, en su relación con Dios y en el conocimiento de su voluntad.

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IV Domingo de Adviento

4 adv VisitaciónEste domingo damos el cuarto y último paso del itinerario espiritual de preparación para la Navidad que es el Adviento. Nuestra pedagoga es María. Su testimonio nos ayuda a prepararnos para acoger en nuestro corazón al Señor y nos enseña a ir al encuentro de los más necesitados.

María «se encaminó presurosa». En la Anunciación, sin que María la pidiera, el Ángel le ofreció una señal de que para Dios todo es posible y de que dónde Él se manifiesta incluso de la esterilidad hace florecer la vida: «Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios».

El gesto de María es profundamente religioso y humano. No desdeña la señal que se la ha dado y se pone en camino para contemplarla; al mismo tiempo percibe la necesidad de la anciana que era estéril que requiere su ayuda al estar próxima a dar a luz. Este gesto de María merece el elogio de Isabel. «Dichosa tú que has creído» y el anuncio de que por su fe verá el cumplimiento en ella de la Palabra de Dios: «se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor»

En el encuentro ambas expresarán la fe y el amor que arden en sus corazones. Es también el primer encuentro de Juan con Jesús y en Juan el encuentro de Jesús con toda la humanidad.

María, presurosa, se puso en camino.

El camino entre Nazaret y el pueblo de Isabel no es corto;  éste se encuentra en las montañas de Judea. La alusión a la montaña no es casual. En la Biblia la montaña tiene sentido pues evoca el lugar donde Dios habla. No dice el texto que María fuera acompañada y ello nos sugiere el silencio del camino, propicio para la asimilación del misterio de Dios que se realiza en su vida. En su camino. María aparece como peregrina de la fe y de ello podemos sacar nosotros una profunda enseñanza.

El camino también tiene en el evangelio un significado profundo y es imagen y símbolo de la espiritualidad cristiana. El seguimiento de Jesús es camino que debe recorrerse con firmeza y fidelidad. María anticipa el recorrido de este camino yendo a la casa de su prima Isabel para ponerse a su disposición. Dios se manifiesta en la disponibilidad y en el servicio. Nos lo recuerda Jesús que no vino a ser servido sino a servir y a entregar su vida.4 adv visitación 2

Celebrar la Navidad nos pide ponernos en camino. Recibir en nosotros a Jesús, como lo hizo María, para entregarlo a los demás, particularmente a los más necesitados, los que están solos, los más vulnerables, los que por su situación personal tienen la tentación de sentir que Dios se ha olvidado de ellos. Esto supone una clara conciencia de que el don o los dones que recibimos de Dios no son para nuestra auto-complacencia sino para el servicio.

Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado.

El saludo de Isabel es revelador. Reconoce a María como la bendecida de Dios. Reconoce en ella la fe, pues creyó en la señal del Ángel y se puso en camino. Su fe es manifiesta. Acogió con sincero corazón al mensajero de Dios y su Palabra y en medio de su turbación, confiando en la Palabra dio el asentimiento de su voluntad a la obra de Dios: ¡Hágase!.

Dios cumple su promesa cuando encuentra nuestra disponibilidad y fidelidad. Por ello Isabel anticipa a María que todo cuanto le fue dicho se cumplirá.

María es bendita. Una bendición es una realidad que se recibe y se transmite como garantía del amor de Dios por las personas y por su pueblo. Isabel reconoce que María ha sido bendecida por Dios y declara también bendito el fruto de su vientre que es bendición para toda la humanidad.

Celebrar la Navidad en el año de la fe

¡Qué gran desafío! Celebrar la Navidad en el año de la fe es un reto para cualquier cristiano que se lo tome en serio. Se trata ni más ni menos que ver la propia vida con la luz del testimonio de María y preguntarnos si hemos acogido al Señor que viene, si Dios ha encontrado nuestro corazón dispuesto y si la respuesta a nuestra vocación cristiana ha sido la fidelidad.

4adv visitación 3De nosotros tendría que decirse también «Dichoso/a porque has creído» y esto será posible en la medida en que estemos dispuestos a desinstalarnos y hacer el camino de la fe como María, con el misterio de Dios que transforma nuestras vidas y yendo en busca del hermano que nos necesita. El camino de la fe conjuga el silencio y la alabanza, la disponibilidad y el servicio.

 

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3 adv fanoEn el tercer domingo de Adviento nos encontramos nuevamente con Juan el Bautista. Hace ocho días nos acercamos a su persona hoy lo hacemos a su mensaje. El texto que leemos corresponde a dos de las cinco pequeñas secciones que en Lucas presentan el ciclo completo del ministerio del precursor del Mesías.

Las preguntas que dinamizan el pasaje que nos ocupa son: «¿qué debemos hacer?» y «¿quién eres tú?»

«¿Qué debemos hacer?»

Juan termina de predicar la conversión y tiene una buena respuesta por parte de su auditorio que reacciona positivamente y le pide propuestas concretas para apropiarse el camino de conversión significado en el bautismo.

Tres grupos de personas se acercan a Juan y le plantean la pregunta: «¿Qué debemos hacer? La gente quiere hacer vida el bautismo recibido con acciones concretas. La práctica de la caridad y de la justicia serán los indicadores de la conversión y ésta asumirá diversas formas en cada categoría de personas.

Una multitud anónima

A la multitud el Bautista los invita a despojarse para compartir con los más pobres. Compartir el vestido y el alimento, es decir, atender las necesidades básicas. No se puede vivir en la abundancia y tener junto a si pobres que padecen por carecer de lo necesario para vivir con dignidad.

Los cobradores de impuestos

A quienes tienen la tentación de enriquecerse despojando a otros, mediante mecanismos de supuesta legalidad, les pide que no sean corruptos y que tengan un comportamiento honesto. Los cobradores de impuestos de la época tenían una pésima reputación y a ellos es a quien Jesús invita a vivir un cambio radical en sus vidas.

Los soldados

A los judíos que colaboraban con el ejército les pide que no abusen del poder, es decir, que no ejerzan por ningún motivo la fuerza o desplieguen la violencia para conseguir información ni para buscar ganancias extra extorsionando a la gente.3 adv fano b

El mismo mensaje con exigencias distintas

Llama la atención como Juan a cada categoría le presenta el mismo mensaje, con exigencias distintas, adecuadas a cada grupo, ofreciendo caminos concretos para superar las situaciones complicadas y deshumanizadoras.

En el fondo lo que parece interesarle a Juan es la justicia social. Está en sintonía con los profetas, que tienen conciencia clara de su devoción religiosa,

«¿Quién eres tú?»

La segunda parte de nuestro texto comienza con la pregunta sobre la identidad de Juan: «Andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo». La pregunta se la hacen no las autoridades sino el pueblo que de manera expectante esperaba el cumplimiento de la promesa de Dios.

Juan articula su respuesta hablando de dos bautismos: el de agua y el de Espíritu Santo y fuego.

Juan bautiza con agua.

El agua es símbolo de purificación y de vida y quien se acercaba al bautismo administrado por Juan, que era bautismo con agua, con ese gesto expresaba una conversión sincera que lo incorporaba plenamente a la descendencia de Abraham.

Juan reconoce su fortaleza al anunciar que «viene el que es más fuerte que yo» y se coloca delante de él como esclavo, indigno del servicio más pequeño como « desatarle la correa de sus sandalias».

Jesús bautiza con Espíritu Santo y fuego

3 adv fano cLa fuerza de Jesús, como la anuncia Juan radica en «el perdón de los pecados». La fuerza del bautismo de Jesús se describe con dos términos: «Espíritu santo» fundamento de una nueva vida  y «fuego» que es juicio para quien rechace al Espíritu Santo y la vida nueva que él ofrece.

Ante el bautismo de Jesús la humanidad se define. Habrá quienes reciban a Jesús y quienes lo rechacen. Sin embargo el texto se fija en lo positivo. Se espera la apertura a Jesús y a la obra del Evangelio con un deseo sincero de conversión. El optimismo no impide considerar las consecuencias del rechazo y el evangelista las presenta con imágenes poderosas y significativas para el mundo judío que en el fuego ve un signo de destrucción.Cada persona se juega su futuro en la decisión que tome ante el anuncio que Dios le hace. Decir «no» es decidir por su mismo vivir eternamente separado de Dios y negarse un futuro de vida.

Juan no quiere atemorizar a nadie, Su pretensión es sacudir las conciencias, despertar de la indiferencia, que cada quien se juegue su futuro definiéndose ante el anuncio que Dios le hacho. La conversión que Juan anuncia no es una mala noticia, por el contrario, vivirla todos los días, de manera integral, continua y diaria llena su corazón de luz, de justicia, de amor y de alegría.

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voz que-clama_en_el_desiertoCelebramos el II Domingo de Adviento. Damos un paso más en nuestro itinerario espiritual de preparación para la Navidad. En este tiempo de Gracia se nos proponen como compañeros de camino los profetas, particularmente Isaías, Juan el Bautista y María.

Este Domingo y el próximo Juan el Bautista es nuestro pedagogo. Hoy lo contemplamos ubicado en un escenario histórico complejo desde el que nos invita a la esperanza, la próxima semana lo contemplaremos como profeta que nos llama a la conversión.

El evangelio de hoy se ocupa de ubicar al precursor del Mesías en el escenario de la historia y en este mismo hecho, estableciendo claros contrastes, nos comunica un mensaje sobre el modo de intervención de Dios en la historia humana.

El texto que contemplamos procede en tres momentos: el marco histórico, la vocación del profeta y la presentación sintética de la misión profética de Juan.

Marco histórico

El evangelista contextualiza el ministerio de Juan y lo ubica en referencia a quienes detentan el poder político y religioso y que con sus intervenciones incidirían en el destino del profeta. Los personajes y fechas que se mencionan, no son una nota erudita o ilustrativa, con ellos Lucas nos da un mensaje: la acción de Dios acontece en la historia, no es un mito ni una fantasía, es un acontecimiento histórico.

El ministerio de Juan se ubica así en un contexto político y religioso. En lo político se trata del mundo dominado por el imperio romano. Tiberio es el emperador, continuador de la obra de César Augusto, famoso por su política de «pax romana» es decir, impuesta por la fuerza. El lugar es Palestina, dividida, después del reinado de Herodes el Grande, en cuatro territorios, cada uno con su gobernador. En lo religioso la referencia son la autoridades judías, en concreto los sumos sacerdotes Anás y Caifás, personajes que después pedirán la condena de muerte para Jesús.

Los personajes políticos y religiosos que se mencionan tienen que ver directa o indirectamente con el ministerio del Bautista y con el de Jesús de quien aquél es precursor. Hay un fuerte contraste entre la violencia que se ejerce desde quien tiene el poder y la humildad y mansedumbre de quien habla en el nombre de Dios.2 Adviento - a

Esta contextualización nos ofrece un doble mensaje. Dios interviene en la historia. No se manifiesta en los palacios, ni en quienes engolosinados con el poder lse legitiman con el uso de la violencia. Se manifiesta en el desierto y en el ministerio de quienes están atentos a escuchar su Palabra y dispuestos a acogerla.

La fuerza de Dios, manifestada en la sencillez y debilidad derriba la pretensión absoluta de los autosuficientes que confían en su capacidad de someter violentamente a los débiles.

La vocación del profeta

En la circunstancia descrita: «Fue dirigida la Palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto». La voz profética resonará de nuevo a través de un hombre, escogido para esta tarea, lleno del Espíritu de Dios desde el vientre de su madre. La palabra que predicará no es suya, hablará en nombre de Dios.

El desierto hace pensar en el Éxodo, en el camino de Israel buscando la tierra prometida; es lugar de aridez, soledad, anonimato, miedo, carencia, desesperación, de cercanía con la muerte. Allí es donde Dios habla, seduce, enamora, convence y se compromete en alianza de fidelidad eterna.

En esos pequeños detalles descubrimos también un profundo mensaje. Nadie puede hablar en nombre de Dios si Dios no le ha dirigido su Palabra, y ésta sólo se escucha cuando se tiene el corazón dispuesto, en capacidad de escucha, cuando hay silencio o cuando en las situaciones límites de la existencia no se espera ya nada de nadie sino sólo de Él.

La misión del profeta

Juan proclama el querer de Dios. Lo que él enseña vincula a quien escucha. Lo que él dice no puede ser despreciado por quien tiene sed de Dios y en Él espera. Por ello Juan llama a «un bautismo de conversión para perdón de los pecados». Quienes acogen este llamado «verán la salvación de Dios» porque sólo quien se prepara para la venida del Señor puede “ver” su salvación. El llamado de Juan es universal, no se limita a unos cuantos, todos pueden prepararse para recibir al Señor que viene y en ese sentido «todos» verán su salvación.

El precursor prepara el camino de Jesús predicando la conversión. Es «Voz que clama en el desierto». Donde el silencio impera, donde nada se escucha, sea el corazón de una persona, sean nuestros ambientes o nuestras comunidades, lo primero que debe escucharse es la Voz dejando lugar a la Palabra. Esto es necesario para remover todos los obstáculos que impiden recorrer el camino del encuentro: los barrancos, los montes y colinas. Los caminos deben enderezarse, nuestros pasos deben dirigirse a Dios directamente y no por atajos engañosos y tortuosos.

Es necesario salir de encierro en la propia soledad, dejar el estancamiento, dejar espacio para Dios que viene a liberarnos de nuestros egoísmos, recuperar la capacidad de soñar en una humanidad que vive en justicia y fraternidad. Quien camina por el desierto lo hace con temor, mil amenazas lo acechan haciendo peligrar su vida. Lo mismo sucede con el pecado que aísla, saca a Dios de la vida y encierra en el propio ego.

2 AdvientoEl punto de partida es reconocer la necesidad, recuperar la confianza en que es posible transformar el desierto, hacerlo florecer. Eso es alentar la conversión, como lo hace el Bautista. Hacer surgir la esperanza. Convertirse no es flagelarse, torturarse sino dejar que en nosotros se realice la creación de Dios invitándonos a vivir en armonía con Él y con las demás creaturas.

Transformar nuestro desierto supone remover, aunque nos duela, lo que hacemos siempre, por inercia, casi por costumbre pero que nos hace infelices porque nos aleja de nuestra vocación original. Cuando somos capaces de hacerlo el resultado es la felicidad inmensa de descubrir nuevos y fecundos horizontes. No se puede renovar el amor primero si no se acepta el reto de remover lo que lo ha envejecido y hecho rutinario.

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