Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 27 enero 2013

III Domingo Ordinario Ciclo C

 Jesús en la sinagogaComenzamos la lectura continua del evangelio de San Lucas. Encontramos a Jesús en la sinagoga de Nazaret, leyendo un texto de Isaías. Muchos consideran esta escena como la proclamación del discurso programático de Jesús. Contemplemos la escena.

Jesús se encuentra en Nazaret, «el lugar donde se había criado», quienes están en la Sinagoga lo conocen, lo han visto crecer, se ha educado entre ellos, es miembro de la comunidad. La indicación del lugar tiene importancia. El testimonio de Jesús comienza entre los suyos. Esto no es fácil. El texto lo dirá más adelante. A primera vista podría pensarse que no hay mejor lugar para ser escuchado que el propio lugar de origen. La experiencia demuestra lo contrario y así sucedió con Jesús.

Se describe la práctica judía en la Sinagoga; su liturgia se componía de oraciones y lecturas. La parte central era la lectura de alguno de los libros de la Torá -la ley- y luego uno de los profetas. Después seguía un comentario edificante para la asamblea. En la escena que contemplamos corresponde a Jesús la lectura del texto de Isaías 61,1-2 y 58,6 en el que se presenta al mensajero y el contenido del mensaje por parte de Dios.

Lo primero que resalta es que el mensajero, el que lleva la buena nueva, es el Mesías, el ungido de Dios. Nadie puede hablar de Dios en nombre propio. La autoridad para hacerlo viene de la unción del Espíritu. Y precisamente a ello se refiere el texto de Isaías. El profeta dice «El Espíritu del Señor sobre mí».

Al apropiarse Jesús este texto se presenta a si mismo como profeta, durante su ministerio y al final del mismo fue reconocido como «profeta poderoso en obras y palabras» (Lc 24,19). La identidad de Jesús se irá profundizando y de la identidad profética se pasará a la de Hijo de Dios. El caso es que el evangelista desde el inicio de la vida pública de Jesús lo presenta como enviado, como alguien que no actúa por su cuenta sino que realiza, con la fuerza del Espíritu Santo, la misión que se le ha confiado.

Además de introducirnos en la identidad de Jesús, el texto que contemplamos este domingo nos permite una primera comprensión de la misión de Jesús. El texto de Isaías, que Jesús se apropia, lo presenta enviado «para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.» III Ordinario C Fano

La misión de Jesús es presentada como una acción liberadora de todo lo que impida vivir en plenitud, de todo lo que sea carga y opresión para las personas. Dios está cerca de los que sufren para sostener su esperanza.

Con Jesús se inaugura un tiempo nuevo, la referencia al año del gracias nos remite al año jubilar, entendido como tiempo de restauración de las relaciones armoniosas de las personas con Dios, con las demás personas y con la naturaleza.

Las relaciones de dependencia, de esclavitud, de sometimiento, entre las creaturas y en cualquier ámbito de la vida, no están en los planes de Dios. Nuestra vocación es la libertad. La instauración de la soberanía de Dios implica la renuncia de toda relación injusta que perturbe o haga imposible a los demás vivir en plenitud. Por ello el anuncio es un mensaje de esperanza dirigido preferencialmente a los pobres, a los cautivos, a los ciegos, a los oprimidos. El reinado de Dios tiene como consecuencia la liberación de la humanidad, pero no una liberación política, sino una liberación universal, que alcanza todo tipo relación humana y que nace desde el interior del corazón.

La misión de Jesús se describe con los verbos anunciar, proclamar, significando con ello revivir la esperanza, invitar a todos a abrirse a la acción de Dios para que el Reino de Dios acontezca y se liberen los hombres de cualquier tipo de opresión, particularmente la opresión del pecado.

Ante la mirada de todos Jesús comenta el texto que ha leído de una manera sencilla pero perturbadora para sus oyentes: «hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír». Actualiza el texto que ha leído y lo interpreta apropiándoselo. Su identidad está definida y su misión esta delineada. Comienza su ministerio al servicio del Reino de Dios.

Dos enseñanzas.

Los discípulos de Jesús, por la efusión del Espíritu, somos ungidos y nos incorporamos a Cristo; compartimos con Él la identidad de Hijos de Dios y su vocación profética.

Esta identidad y misión la tenemos que vivir donde quiera que nos encontremos, comenzando por nuestra familia y nuestro lugar de origen. Es cierto que “nadie es profeta en su tierra” pero Jesús nos enseña a actuar con fidelidad a la conciencia que tenemos de nosotros mismos y a la misión que Dios nos confía.

Jesús en la sinagoga 2Debemos acercarnos a la Biblia como creyentes, meditar su contenido que es Palabra viva de Dios que nos ayuda a profundizar nuestra vocación y a discernir los signos del tiempo que nos toca vivir. Meditar la Palabra nos hace actualizar el mensaje y apropiárnoslo, ayudándonos a ver cómo se cumple en nosotros su verdad de salvación.

Los cristianos, ungidos por el Espíritu, somos, como Jesús, portadores de un mensaje de esperanza y liberación para la humanidad. La humanidad de nuestro tiempo vive muchas formas de esclavitud que encierran la experiencia humana en una noche oscura y la expone a muchas situaciones degradantes.

Ubicarnos en la historia como hijos de Dios y como profetas nos lleva a anunciar el Reino de Dios para que, acogido por corazones dispuestos, se humanicen nuestras relaciones y nos liberemos de cuanto nos oprime.

Anuncios

Read Full Post »

II Domingo Ordinario Ciclo C

II - Bodas de canaEste domingo es como una transición entre el ciclo de Navidad y el tiempo ordinario. Contemplamos en el evangelio la escena de las Bodas de Caná, narrada por san Juan y así completamos la secuencia contemplativa de la epifanía del Señor: la adoración de los magos, el bautismo y el primer signo en Caná de Galilea.

El evangelio de Juan llama signos a los hechos extraordinarios de Jesús y no milagros como lo hacen los otros evangelistas. Esta indicación tiene sentido pues nos dispone a la contemplación del evangelio aguzando nuestra inteligencia para descubrir el significado de estos hechos colocándonos más allá del sólo maravillarnos por el poder de Jesús y por la dicha de quienes recibieron el beneficio directo de sus milagros.

A primera vista, en el texto encontramos una conversación profundamente humana entre María y su Hijo. «María no se dirige a Jesús simplemente como a un hombre, contando con su habilidad y disponibilidad a ayudar. Ella confía una necesidad humana a su poder, a un poder que supera la habilidad y la capacidad humanas.» (Benedicto XVI)

María no pide nada a Jesús. Sólo le presenta la situación diciéndole «Ya no tienen vino» y en ello apreciamos su sensibilidad que le hace percibir los problemas de los demás. Presentada la necesidad lo deja todo a la decisión de su Hijo, sólo dice a los sirvientes «hagan lo que él les diga» confiada en que la respuesta de Jesús, la que fuera, sería la mejor para esa situación.

De esta primera mirada al texto evangélico aprendemos dos cosas: Por una parte la bondad y la disposición de María para ayudar a quien lo necesita y su humildad y generosidad para aceptar la voluntad de Dios. Por la otra, aprendemos también una importante lección para nuestra forma de orar. En la oración presentemos a Dios nuestra necesidad y no queramos afirmar ante Él nuestra voluntad y nuestros deseos, por muy importantes o razonables que nos parezcan, y dejemos que Él decida. Que se cumpla su voluntad es lo mejor para nosotros.II - Bodas de cana - 2

Una mirada más profunda nos lleva a descubrir el significado del signo. Dice el evangelio que «esto que Jesús hizo en Caná de Galilea fue la primera de sus señales milagrosas. Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él.» El milagro de Caná no es sólo un milagro realizado por Jesús para sacar de apuros a una pareja de esposos el día de su boda, sino que manifiesta la intención de Dios y la misión de Jesús.

El símbolo de la boda tiene profunda resonancia en el Antiguo Testamento para describir la Alianza de Dios con su pueblo. Para muestra tenemos lo que dice el profeta Isaías en la primera lectura de este domingo: «Como un joven se desposa con una doncella, se desposará contigo tu hacedor; como el esposo se alegra con la esposa, así se alegrará tu Dios contigo

La Alianza, que tenía como mediación la Ley se había desgastado, pues la observancia y cumplimiento de los preceptos de alguna manera ocupaban el primer lugar en la práctica religiosa. La gente creyente del pueblo de Israel vivía más preocupada por cumplir con los mandamientos de la ley de Moisés para vivir la alegría de la salvación y la confianza en la fidelidad de Dios.

En la escena de las bodas de Caná no es accidental la mención de que «había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos.». Había lo necesario para cumplir con los ritos prescritos pero no había suficiente vino, considerado necesario para alimentar la alegría de la celebración nupcial. Lo mismo sucedía con la práctica de  la religión judía, se cumplía con los ritos prescritos, pero se olvidaba de la misericordia.

El evangelio menciona la hora de Jesús. «Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora» y en ello encontramos el significado profundo del signo. El Papa Benedicto lo describe así: «[Jesús] realiza un signo, con el que anuncia su hora, la hora de las bodas, la hora de la unión entre Dios y el hombre. Él no se limita a “producir” vino, sino que transforma las bodas humanas en una imagen de las bodas divinas, a las que el Padre invita mediante el Hijo y en las que da la plenitud del bien, representada por la abundancia del vino. Las bodas se convierten en imagen del momento en que Jesús lleva su amor hasta el extremo…»

II - vasijas bodas de canaCon la entrega de Jesús se sella la Nueva Alianza, el vínculo de Dios con la humanidad que tiene como mediación no el cumplimiento de la ley sino la obediente entrega del Hijo, que pondrá de manifiesto el cumplimiento de la promesa de Dios y que derivará en la efusión de su Espíritu para que todos los que lo reciban puedan vivir en la alegría del amor divino.

De esta mira profunda al texto evangélico de este Domingo aprendemos algo muy importante. En la Eucaristía celebramos la entrega de Jesús, la efusión de su sangre, la sangre de la Alianza nueva y eterna. En la Última Cena Jesús anticipa también su hora definitiva y hace lo mismo en cada Eucaristía. Participar de la entrega de Jesús nos hace participar de la Nueva Alianza y esto nos lleva a encontrar sentido a la vida y a experimentar una profunda alegría en la entrega de nosotros mismos a Dios y a nuestros hermanos.

 

 

Read Full Post »

El Bautismo del Señor

BAU bautismo de Jesús fanoCelebramos la fiesta del Bautismo del Señor. Concluye el ciclo de Navidad e inicia la primera etapa del tiempo ordinario.

La luz de la Palabra

Este año contemplamos la escena del Bautismo del Señor en la narración de San Lucas.

Jesús se revela en las orillas del Jordán. Aparece como adulto, en público, junto a Juan el Bautista a quien acudían muchas personas para que les administrara el bautismo. El evangelista señala que «el pueblo estaba en expectación». De esa manera describe el movimiento que se generó en torno a Juan, quien con su predicación y su estilo de vida despertó la esperanza en un pueblo cansado, agobiado y, de alguna manera, desilusionado.

La gente deja sus casas y compromisos habituales para llegar hasta Juan y al recibir el bautismo de conversión que él administraba hacen patente su deseo de un mundo nuevo, un mundo diferente y su disposición de cambiar de vida, para favorecer así el advenimiento del Reino, el cumplimiento de la promesa de Dios. No se puede esperar un mundo nuevo cuando se vive en el egoísmo o en el pecado. Es legítimo anhelar un mundo diferente, querer que las cosas sean distintas, este anhelo, si es auténtico, debe ir acompañado de un correspondiente compromiso en primera persona.

La gente pensaba que Juan era el Mesías. Sin embargo el Bautista no se aprovechó de la circunstancia, no generó en torno a él un movimiento político, ni se endiosó a sí mismo. Con humildad se presentó como precursor diciéndoles «es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego».

Jesús también va a al Jordán, y se pone en fila, junto con la muchedumbre, para ser bautizado. Contemplamos aquí una vez más la ‘lógica’ de la encarnación. El Hijo de Dios se hizo hombre, nació en el seno de una familia, formó parte de un pueblo y compartió con éste sus esperanzas. «El Hijo de Dios, el que no tiene pecado, se mezcla con los pecadores, muestra la cercanía de Dios al camino de conversión del hombre. Jesús carga sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, comienza su misión poniéndose en nuestro lugar, en el lugar de los pecadores, en la perspectiva de la cruz.» (Benedicto XVI)BAU Bautismo del Señor fano 2

A esta humillación, expresión de la total obediencia de Jesús a su Padre Dios, corresponde la exaltación del Hijo por parte de Dios. Jesús estaba recogido en oración y «mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma sensible, como de una paloma, y del cielo llegó una voz que decía: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco

Jesús oraba. El movimiento en torno a Juan es un movimiento religioso no político. Jesús se sumó a esta expectativa y con su oración hace explícita su total esperanza y confianza en la fidelidad de Dios. Al descender el Espíritu Santo y escucharse la voz del cielo «el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo descienden entre los hombres y nos revelan su amor que salva» (Benedicto XVI).

La Palabra ilumina nuestra vida

Pensemos un poco en nuestro propio bautismo.

El evangelio hace patente, mientras Jesús oraba, la identidad de Jesús. Él es el Hijo amado. El itinerario de los discípulos y discípulas de Jesús pasa por esta experiencia. Ser amado por Dios forma parte de la identidad cristiana. Tomar conciencia de ello hasta llegar a la certeza indubitable de que Dios nos ama es el horizonte del itinerario espiritual del discípulo.

Por el don de la gracia bautismal, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros y habita en nuestros corazones para que vivamos inmersos en el amor de Dios. El punto de partida de esta experiencia es ver y recibir la vida como un don; reconocer el amor de Dios en las personas que nos han hecho el bien y en la belleza de la creación.

Tener viva la conciencia de ser bautizados nos descubre como hijos de la luz, «el Bautismo ilumina con la luz de Cristo, abre los ojos a su resplandor e introduce en el misterio de Dios a través de la luz divina de la fe.» (Benedicto XVI). El itinerario de la fe nos pide recorrer el camino de la vida con la luz de Cristo que nos ilumina de manera permanente en su Palabra, en la Eucaristía y en los pobres y necesitados.

BAU bautizado fanoEl discípulo del Señor está llamado a ser luz para los demás. En el rito del bautismo se recomienda a los padres y padrinos del bautizado que le acompañen para que la luz bautismal no se apague. Hay en ello una indicación muy valiosa, cuya puesta en práctica es urgente rescatar en un mundo individualista: el buen ejemplo.

Aprendemos más de los ejemplos que de las palabras. Es válido para todos, no sólo para los niños. La vida virtuosa se aprende por imitación, por ello es importante tener en cuenta cada día que la gratuidad de los pequeños detalles de amabilidad, respeto, paciencia, servicialidad, cumplimiento responsable de las obligaciones, etc., es luz que ilumina la vida de quienes viven junto a nosotros que les permite descubrirse a si mismos amados por Dios.

Read Full Post »

Epifanía del Señor

Ep estrellaEste Domingo del tiempo de Navidad, celebramos la  solemnidad de la Epifanía del Señor. En ella contemplamos a los magos que viajaron de Oriente a Jerusalén guiados por una estrella buscando al Rey de los Judíos, esperanza de la humanidad.

Esta escena es el icono que representa a los hombres y mujeres que buscan a Dios con sincero corazón, búsqueda que no nace sólo de una motivación explícitamente religiosa, sino de los deseos humanos que, como la luz de la estrella, pueden orientar el camino interior del hombre.

La luz de la Palabra

El relato evangélico es de sobra conocido [cf. Mt 2,1-12]. Dice el Papa Benedicto XVI en su libro titulado “La infancia de Jesús” que «difícilmente habrá otro relato bíblico que haya estimulado tanto la fantasía, pero también la investigación y la reflexión, como la historia de los ‘Magos’ venidos de ‘Oriente’. Una narración que el evangelista Mateo pone inmediatamente después de haber hablado del nacimiento de Jesús.» (Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, La Infancia de Jesús, pág. 93).

Para la reflexión dominical me detengo a considerar sólo una expresión del relato: «Hemos visto su estrella…»

Algunos  estudiosos de la Sagrada Escritura opinan que la pregunta sobre la estrella de la que habla el evangelio y si ésta existió realmente es una cuestión que tiene poco sentido. Sin embargo, dice el Papa Ratzinger, «en gran parte de la tradición de la Iglesia se ha resaltado el aspecto extraordinario de la estrella» (Ibíd. pág. 103), dedicando algunas páginas a considerar la cuestión sobre la existencia de este astro. Su conclusión es: «La gran conjunción de Júpiter y Saturno en el signo de Piscis en los años 7-6 a. C. parece ser un hecho constatado.» (Ibíd. pág. 105)

Sin embargo, esta estrella «no habría podido hablar a estos hombres –los magos- sino hubieran sido movidos también de otro modo: movidos interiormente por la esperanza de aquella estrella que había de surgir de Jacob (cf. Nm 24,17).» (Ibíd.  pág 105) y con esta consideración entramos a la cuestión de su significado.

Los hombres que se ponen en camino guiados por este astro son descritos como Magos, éste término tiene una considerable gama de significados, algunos con connotación positiva y otros con connotación negativa. La acepción más adecuada para nuestro relato es la que identifica a los magos con hombres sabios –astrónomos, filósofos- y profundamente religiosos.

En el ambiente de la época del nacimiento de Cristo, de ello hay noticia en autores no cristianos, bullían expectativas «según las cuales surgiría en Judá el dominador del mundo…» (Ibíd., pág. 100).EP Reyes Fano

En la Escritura se tiene el testimonio de un profeta pagano, Balaán, -de cuya existencia histórica se tiene un dato extra bíblico- que anunció la promesa de salvación diciendo: «Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero será pronto Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel…» (Nm 24,17) Es posible que esta profecía, de un no judío, de un pagano, fuera conocida más allá del pueblo judío y motivara o inquietara a los buscadores de la verdad.

El símbolo de la estrella se puede entender entonces como un mensaje de esperanza, descifrable para las personas que además de los conocimientos científicos de la época tenían en su interior inquietudes y eran hombres capaces de ponerse en camino, de salir de su mundo, movidos por una luz interior: el deseo de verdad.

Luz sobre nuestra vida.

Esta luz de la estrella, radiante en la oscuridad, podríamos verla como un símbolo de nuestros deseos. De esa manera el relato evangélico de este domingo da también luz a nuestra vida iluminando este aspecto de la experiencia humana, nuestros deseos, que son importantes y que tienen un enorme potencial para hacernos crecer en humanidad y también para degradarnos.

Desear es aspirar con vehemencia el conocimiento, la posesión o el disfrute de algo; esta palabra se identifica también con el impulso interior para satisfacer una necesidad instintiva. La palabra deseo tiene una historia interesante procede del latín vulgar desidium –ociosidad, deseo, libido-, a su significado se añadió el influjo analógico del verbo desiderare –echar de menos, anhelar- con lo que los usos semánticos de deseo/desear se ampliaron notablemente. Desiderare es un verbo que se compone de sidus, sideris, –astro– con el prefijo de y su uso semántico pertenece al campo religioso. En esta hipótesis, desiderare podría significar –dejar de contemplar-, -dejar de ver-.

En esta lógica nuestros deseos son ambivalentes: nos ciegan y nos encierran en la oscuridad de nuestro ego o son una luz, como la estrella de los Magos, que nos ponen en camino para crecer en el conocimiento de nosotros mismos y de Dios.

EP Camino oscuroEsta consideración me remite a una hermosa catequesis del Papa Benedicto XVI en su Audiencia General en la que habló del deseo humano y del deseo de Dios. En ella nos dice cómo el deseo humano tiende siempre a bienes concretos, no espirituales, pero que siempre plantea el interrogante sobre cuál es de verdad el bien que se busca, refiriéndose a algo distinto de sí mismo, que no está en manos del hombre construir, pero si reconocer.

Para ejemplificar, recordó su enseñanza en la encíclica Deus caritas est. Se refirió al dinamismo de la experiencia del amor humano que lleva a la persona a salir de ella misma; en ese sentido el deseo supera a la persona y le hace ir al encuentro del otro/a experimentando el uno, gracias al otro, la grandeza y la belleza de la vida. La purificación del deseo implicaría ir al encuentro del otro, por él mismo, por su bien, y no por un impulso egoísta, narcisista y manipulador.

Este dinamismo del amor, dice el Papa, se traduce en una peregrinación «como camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios» (Deus caritas est 6).  La profundización de ese camino lleva a la constatación de que ni siquiera la persona amada es capaz de saciar el deseo que alberga en el corazón humano. La experiencia humana del amor remite más allá de uno mismo, «es experiencia de un bien que lleva a salir de sí y a encontrase ante el misterio que envuelve toda la existencia».

Dice el Papa, refiriéndose a que existen otras experiencias humanas del deseo, que «cada deseo que se asoma al corazón humano se hace eco de un deseo fundamental que jamás se sacia plenamente» y que «la experiencia del deseo… atestigua que el hombre es, en lo profundo, un ser religioso».

El Papa ve en la experiencia humana del deseo la posibilidad de «abrir un camino hacia el auténtico sentido religioso de la vida, que muestra cómo el don de la fe no es absurdo, no es irracional». A ello serviría «promover una especie de pedagogía del deseo» tanto en la experiencia de los que no creen como de quienes ya han recibido el don de la fe.

Esta pedagogía del deseo por una parte nos ayudaría a aprender o re-aprender el gusto de las alegrías auténticas de la vida. La satisfacción del deseo no tiene siempre el mismo efecto, en ocasiones pacifica el alma, nos hacen más activos y generosos, pero en otras ocasiones dejan amargura, insatisfacción sensación de vacío. Educar desde la tierna edad a saborear las alegrías verdaderas en todos los ámbitos de la existencia significa ejercitar el gusto interior para superar la banalización y la mediocridad. Ello permite que surja el deseo de Dios.EP ponerse en camino

Por otra parte la pedagogía del deseo lleva a no conformarse nunca con lo que se ha alcanzado. Las alegrías verdaderas son capaces de inquietarnos y hacernos comprender que nada finito puede colmar nuestro corazón. Y esto nos pone en camino, nos hace peregrinos, como los magos guiados por la estrella, hacia el bien que no podemos construir o procurarnos con nuestras fuerzas.

Como experiencia humana el deseo en lugar de liberar, de impulsar hacia el crecimiento en humanidad, puede encerrar a la persona en su egoísmo, o conducirla a una búsqueda narcisista de su propio yo. A este respecto no debemos olvidar –dice el Papa- «que el dinamismo del deseo está siempre abierto a la redención. También cuando este se adentra por caminos desviados, cuando sigue paraísos artificiales y parece perder la capacidad de anhelar el verdadero bien. Incluso en el abismo del pecado no se apaga en el hombre esa chispa que le permite reconocer el verdadero bien, saborear y emprender así la remontada, a la que Dios, con el don de su gracia, jamás priva de su ayuda.»

Read Full Post »